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Nicanor Loreti, el cerebro detrás de El club de los malditos

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Este jueves llega a los cines 27, el club de los malditos, de Nicanor Loreti; cinta que tiene como protagonista a Diego Capusotto y completa su elenco con Sofía Gala Castiglione, Yayo, Daniel Aráoz, Willy Toledo, El Polaco y Paula Manzone.

Luego del gran resultado que tuvo con Kryptonita, la historia de superhéroes radicados en el Conurbano bonaerense (y continúo en la serie Nafta Super), Loreti propone una historia llena de humor, acción y mucho delirio, dentro de uno de los misterios que envuelve al mundo de rock y la muerte de icónicas figuras en una temprana edad y que se encuentran en la cresta de la ola.

La Vereda entrevistó al director en El Banderín, bar notable que tiene la Ciudad de Buenos Aires que cedió además sus instalaciones para filmar una de las escenas de la película.

“Originalmente esta idea surgió hace más de 10 años”, sostiene el realizador, que a su vez explica que “era una película mucho más seria y solemne, donde moría un personaje muy famoso a los 27 años y empezaba una investigación muy importante alrededor de ese caso. Allí se descubría que había una conspiración y no un suicidio”.

Sin embargo, “en ese momento no me cerraba mucho el guión, me parecía que era demasiado clásico, por lo que se fueron sumando los elementos fantásticos y habré hecho unas 13 versiones hasta llegar a la que se llegó, que es la que tiene todo el delirio y es más absurda”, dice Loreti.

¿Hubo algún músico cuya muerte sirviera como disparador para hacer la película?

No específicamente para este guión, pero en mi adolescencia era fanático de Nirvana y fue cuando ocurrió el suicidio de Kurt Cobain. Eso provocó en mi mente el hecho que haya habido otros músicos que se quitaran la vida y que resultaron ser muy icónicos. Janis Joplin, Jim Morrison o, en nuestro caso, el mismo Rodrigo que estaba justo en la cresta de la ola. Esa idea me quedó rebotando en la cabeza a través de los años y me hizo escribir una película sobre eso, pero no hubo un caso específico como disparador.

¿Cuándo llegas a una versión definitiva del guión?

Nunca resultó tener una versión definitiva porque, a último momento, se puede ir retocando con los actores. O cosas de dirección que te hacen cambiar el guión. La verdad, hubo tantas versiones y, en ocasiones, se tomaron cosas de versiones anteriores del guión, como cambiar a determinado personaje rockero. Creo que desde la octava versión del guión se fue forjando la definitiva, ya que después se fueron modificando cosas mínimas.

¿Cuándo llegó el momento de Capusotto?

En el momento en que tuve el guión definitivo, Diego fue siempre la primera opción. Pero anteriormente existieron otras posibilidades porque los personajes también se fueron modificando.

El tema es que llegó el punto en que la película fue tanto delirio que necesitaba a un tipo como Diego, que soporta el absurdo ese que choca con la realidad que propone la película. A él lo parás en una esquina y es Capusotto, no es un actor que hace de Capusotto. Entonces, es un icono tan importante que si lo ponía en el rol de policía, iba a tener a Capusotto ahí y eso me iba a anclar todo lo que pase. Es decir, puede pasar cualquier cosa, total, Capusotto está ahí y funciona. Puede ser realista y absurdo a la vez porque el consigue las dos cosas.

¿Recordás cómo fue la primera reunión?

Creo que fue poco después de filmar Kryptonita. Yo le mandé el guión y el me respondió con un mail que decía “me parece que está bueno para saborear esta historia”, porque el nunca te manda un mail de 50 renglones. Ahí me di cuenta que le gustó y nos reunimos y hablamos del personaje, al que le aportó mucho. Hay cosas futboleras que trajo desde su oficina, como la estatua de Racing o el muñeco de Bruce Lee. Así se fue gestando el Lombardo que vemos en la película. A diferencia de lo que hizo con el personaje de Corona en Kryptonita, acá se compuso a un personaje desde cero.

¿Hay una especie de “revancha” en donde lo disfrutás más en pantalla?

Y, nos pasó que en Kryptonita nos quedáramos con las ganas de más. Sucede que en el libro de Oyola, Corona (personaje que interpreta Capusotto) tiene una aparición mínima. En la filmación, Diego vino los dos días que le tocaba hacer su parte y después no podía venir más, porque tenía que hacer su programa.

Nos quedaron muchas ganas de laburar con él. Esto, para mí, fue un lujo porque es tan fácil trabajar con él. Y puedo decir lo mismo de todos los actores que trabajaron en esta película.

¿Cómo llega Sofía Gala a la película?

Originalmente, el personaje estaba hecho pensando en Luisana Lopilato. Incluso el guión le llegó antes a ella que a Diego. Yo había pensado en los dos, pero después ella no pudo hacer la película y nosotros no podíamos postergar los días de filmación, por lo que llamé a Sofía. Yo tengo muchos defectos y virtudes pero, para los castings, considero que tengo un ojo clínico y si bien Luisana hubiera estado perfecta, creo que Sofía brilla en su personaje. Está en su mejor momento actoral.

¿Kryptonita sirvió como plataforma para atraer un nuevo público?

Cada película tiene su propio mundo y su propio público. Kryptonita jugaba con el tema de los superhéroes que atrae un montón, más una vuelta de tuerca que es el ámbito social. Fue una cinta que no pretendía competir con los tanques de superhéroes de Hollywood, sino que quería otra cosa. Ahora creo que esta película tiene otro ámbito, que se forja en el rock y que luego llega al delirio.

Desde la dirección y lo visual es más amplia, vistosa y atractiva y creo que eso le puede sumar mucho, además de tener a Capusotto en el protagónico de una historia que no se ve todos los días.

¿Hay un crecimiento del cine de género en Argentina?

Creo que el nivel de las películas es el más alto actualmente. Hay producciones que salen de Argentina y reciben muy buenas críticas en los festivales internacionales. Puedo citar a Los olvidados de Luciano y Nicolás Onetti en el Festival de Sitges (España), o Aterrados de Demian Rugna, también las películas de Fabi Forte…en fin, hay un montón que hicieron crecer la producción nacional. Lamentablemente, el tema es el de siempre: la distribución y la durabilidad, que se sostengan en pantalla lo necesario para que lleguen al público y ese es un tema a modificar.

Hacer cine es difícil y caro, hacer cine de género es muy difícil porque aún el índice de taquilla de una película de terror nacional no ha tenido el éxito para que el presupuesto crezca, pero creo que es el momento de apostar, porque se puede dar el salto. ¿Por qué la gente va a ver El juego del miedo 10 y no Resurrección, de Gonzalo Calzada si quizás pueda estar a la misma altura con un décimo del presupuesto?

¿Cuál sería la invitación para el público?

Van a ver una película de Capusotto diferente a las demás, donde hay acción, humor y rockeros que vuelven de la muerte, una cinta explosiva visualmente que yo no dejaría pasar.

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