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Productores latinoamericanos remixaron la obra del pueblo Qom-toba

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A través del Club del Disco, y con la colaboración del Instituto de Cultura Chaco, este viernes primero de diciembre podrá conseguirse en su versión de edición vinilo limitada y en plataformas digitales Remixes, la obra realizada por el Coro Chelaalapi del pueblo QOM-toba, revisada por los principales productores latinoamericanos de música electrónica alternativa.

En el álbum aparecerán versiones de Chancha Vía Circuito, Frikstailers (de México), King Coya (alias de Gaby Kerpel), Lagartijeando y Ciudad Satélite (de Bolivia). De esta forma, el disco presenta un material que recrea la música ancestral, con sonido actual.

Con respecto a la edición vinilo, se encontrará disponible para el mercado local y el de los Estados Unidos, mientras que la versión digital aparecerá en plataformas como Spotify, Deezer y Itunes.

La historia de Remixes comenzó a gestarse hace ya dos, con el productor chaqueño Sebastián Fernández, quien vislumbró la posibilidad de que artistas de diferentes latitudes y géneros se vincularan con el repertorio del Coro Chelaalapi: piezas en su lengua nativa, pertenecientes a su acervo cultural ancestral.

De esta forma, los referentes interesados trabajaron con respeto y dedicación, libres de condicionamientos por parte de la agrupación.

La relecturas de los “remixadores” son muy ricas: las versiones de Lagartijeando o Chancha Vía Circuito están más emparentadas con el carácter ceremonial de las piezas,  con climas menos bailables y voces e instrumentos característicos. Los sonidos de las grabaciones originales del Coro se advierten puros, con un tinte tribal o más telúrico.

Por otro lado, hay versiones más urbanas y “digitales” que se disparan a lugares disímiles en relación con la música ancestral: el track de Frikstailers va en consonancia con la pista de baile ultramoderna de buen gusto y beats alocados (que los han llevado a remixar, entre otrxs, a Julieta Venegas).  Asimismo, King Coya exhibe un perfil multicultural. El punto de equilibrio podría ser “Regreso a casa” (track 4), donde Ciudad Satélite sitúa al Coro en una suerte de reggae andino con algunos timbres clásicos.

De igual modo, resuenan siempre presentes las voces del coro en su idioma original (más procesadas o en retazos) y el n’vike (conocido como violín toba de lata). Un cóctel sazonado  con la impronta de la folktrónica, híbrido sonoro global alimentado por varios de los artistas del álbum, que actualizan un repertorio entre tecnología y tradición, para ofrecer una visita al pasado con colores nuevos, basados en la propia semilla originaria del sonido.

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